La historia del Castillo de Praga se remonta al siglo IX, cuando el príncipe Bořivoj fundó un asentamiento fortificado en la colina de Hradčany. A lo largo de los siglos, el castillo evolucionó de una fortaleza de madera a un extenso complejo de palacios, iglesias y jardines. Durante el reinado de Carlos IV en el siglo XIV, el Castillo de Praga se convirtió en la sede imperial del Sacro Imperio Romano, marcando una época dorada para la ciudad. El castillo ha sido reconstruido y ampliado numerosas veces, reflejando los cambiantes estilos arquitectónicos de cada época. Ha sobrevivido a incendios, guerras y convulsiones políticas, siendo testigo de los triunfos y tragedias de la historia checa.
En el siglo XX, el Castillo de Praga se convirtió en la residencia oficial del Presidente de Checoslovaquia y, más tarde, de la República Checa. Hoy, se erige como un símbolo de la independencia checa y un testimonio del espíritu perdurable de la nación.