Los orígenes de la Cripta de los Capuchinos se remontan a 1631, cuando los frailes capuchinos trasladaron los restos de sus hermanos fallecidos del monasterio original a la iglesia de Santa Maria della Concezione dei Cappuccini, de nueva construcción. El hermano Michele de Bérgamo supervisó la disposición de los huesos. Los frailes, abrazando una vida de pobreza y sencillez, vieron la cripta como un recordatorio de su propia mortalidad y de la naturaleza transitoria de la existencia terrenal. A lo largo de los siglos, la cripta evolucionó hasta su forma actual, con los huesos dispuestos artísticamente para crear exhibiciones simbólicas y decorativas. La cripta sirvió no sólo como lugar de enterramiento, sino también como lugar de meditación y reflexión para los frailes y los visitantes. Hoy en día, la Cripta de los Capuchinos sigue siendo un lugar único y fascinante, que atrae a visitantes de todo el mundo que vienen a contemplar su mensaje de vida, muerte y espiritualidad.