La historia del Palacio Belvedere comenzó a principios del siglo XVIII cuando el Príncipe Eugene de Saboya encargó la construcción de una residencia de verano. Johann Lukas von Hildebrandt, un arquitecto de renombre, diseñó los dos palacios. El Belvedere Superior se completó en 1723, seguido por el Belvedere Inferior en 1716. Después de la muerte del Príncipe Eugene en 1736, la Emperatriz María Teresa adquirió el Belvedere. Con el tiempo, el Belvedere Superior se transformó en un lugar de exposición para las colecciones de arte imperiales.
En 1781, se inauguró como uno de los primeros museos públicos del mundo. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el Belvedere se asoció estrechamente con el movimiento de la Secesión de Viena, albergando exposiciones de artistas como Gustav Klimt. En 1955, el Tratado de Estado se firmó en el Salón de Mármol del Belvedere Superior, marcando la independencia de Austria. Hoy, el Belvedere se erige como un símbolo del arte, la historia y la identidad nacional austriacos.